¿Qué me pasa?

mujer confusa

A menudo, muchos pacientes expresan a consulta algo que hasta cierto punto resulta paradójico: ahora que estoy bien, que lo tengo todo, que no me falta de nada, ahora estoy peor que nunca.

Curiosamente, cuando vamos indagando vemos que no es cierta la primera afirmación: ¿qué quiere decir que ahora que lo tiene todo, y que quiere decir ahora que no me falta de nada. Pero lo más curioso, por decirlo de alguna manera, es que ahora que “aparentemente” y cognitivamente parecería que debería estar bien, ahora me siento mal.

Es cierto. A menudo, cuando parece que deberíamos estar bien, cuando parece que hemos alcanzado un nivel de confort o de bienestar, sobre todo en la relación, es cuando surge un malestar “inexplicable”.

Evidentemente que cada caso es único y particular, pero, insisto, a menudo es en estas circunstancias de “tranquilidad” que se hace evidente un malestar que se arrastra hace mucho tiempo. Un malestar motivado por vaya a saber qué, pero que en definitiva roe por dentro y aflora en forma de angustia, ansiedad, o dolores somáticos.

Son estos últimos, los dolores somáticos, entre otros, algunos de los síntomas de lo que coloquialmente se llama “la mochila”.
Justamente en la terapia observamos, paciente y terapeuta, como el dolor de la “mochila” tiene relación con experiencias emocionales no digeridas, digeridas, elaboradas: duelos mal cerrados, vivencias dolorosas evitadas, relaciones dolorosas, etc.

hombre confuso
Personalmente me hace cierta gracia, por decirlo de algún modo, aquella expresión del “pasar página”: “va, pasamos página que no pasa nada”. Cogido en la literalidad queremos decir que nos olvidemos de lo que ha pasado y seguimos o vamos por otro tema o cuestión, como si lo que queremos pasar no hubiera sido o en todo caso, estuviera cerrado; sin darnos cuenta de que en un libro, pasar página significa continuar con la historia y que la página siguiente no se entiende sin haber leído la página anterior, y la anterior no tiene sentido sin la siguiente.

Y aquí está la cuestión importante: dotar de sentido el que vivimos, la experiencia vital cotidiana: el trabajo, las relaciones familiares, de amistad, de pareja, el ocio, las aficiones, … que todo tenga un sentido. Si no, el sin sentido es el que vierte al sufrimiento, al no entender porque un estar mal si aparentemente debería estar bien.

Es así como en la terapia, si no se puede hacer por uno mismo, se intenta tener una visión integral y holística de la persona para comprender como el sufrimiento que motiva la consulta no se deriva de una “página”, de una sola experiencia, de un momento, sino que a menudo tiene relación con una historia vital en la que hay experiencias dolorosas o falta de experiencias de confort que aporten seguridad para afrontar el día a día con la tranquila lidad y la seguridad deseada.