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  Diccionario de psicología

 


Metodología terapéutica del gabinete

En Vértices Psicólogos, empleamos como metodología terapéutica fundamental la denominada terapia de Perspectiva Integradora, que impartimos en castellano, inglés y francés. Este tipo de terapia aglutina los principales tratamientos psicológicos eficaces existentes en la actualidad, como son: la terapia Cognitivo-Conductual, basada en el modo de aprender nuevas formas de pensar, actuar y sentir; las terapias Sistémicas, que consideran los problemas de una persona como la expresión de que algo funciona mal en su sistema familiar, de pareja o grupo, lo que implica hacer cambios en dicho sistema; y la terapia Gestalt de corte existencial-humanista, basada, en gran parte, en la relación terapeuta-paciente.

Los tratamientos que aplicamos, son evaluados no de forma genérica sino considerando su utilización en cada problema concreto. Lo que se persigue es, establecer qué tratamiento o tratamientos concretos, aplicados por quién, son más eficaces para un paciente con un problema determinado y bajo qué circunstancias. Los criterios metodológicos y las investigaciones concretas de cada caso, se enfocan en lograr la máxima eficacia de la terapia en cada caso.

Los tratamientos que aplicamos en Vértices Psicólogos, pueden llevarse a cabo de forma individualizada con una sola persona, o con parejas, familas o grupos. Según los casos y necesidades de la patología, el formato del tratamiento se puede combinar a nivel indiviidual y grupal.

Si bien la forma habitual del tratamiento en Vértices Psicólogos supone un contacto personal con el paciente, también usamos medios complementarios para cubrir algunos aspectos de la terapia, como son el teléfono, el correo e Internet (videollamada, email, chat). El uso de estos medios, con las garantías clínicas y éticas precisas, es útil cuando el paciente se encuentra en una de las siguientes circunstancias:

  • Tiene dificultades físicas o geográficas para acudir a la consulta del profesional o su problema se lo impide (agorafobia, fobia social severa, etc.).
  • Quiere seguir la terapia con el mismo terapeuta, pero debe ausentarse por traslado u otras causas.
  • Desea un anonimato mayor o total.
  • Es capaz de comunicarse eficazmente a través de los medios técnicos citados.
  • Posee los recursos para manejar sus problemas con el apoyo no presencial.
  • Presenta un trastorno no muy grave.
  • Desea simplemente hacer una consulta o solicitar la opinión profesional del psicólogo.

Puede consultarnos sin compromiso sobre el servicio de Vértices Psicólogos on-line

Sistemáticamente, nos esforzamos por conocer día a día, en base a la experiencia práctica y sus resultados, qué tratamientos psicológicos concretos son más efectivos para el problema que afecta al paciente. De ello depende, en gran medida, el éxito de la intervención que se va a recibir.

Nuestros tratamientos psicológicos tienen objetivos claros, están centrados en la solución de problemas inmediatos y suelen ser de corta duración, de 2 a 6 meses, aunque es mayor en problemas graves o cuando hay varios problemas y producen una mejoría tras las 8-10 primeras sesiones.

El gabinete de Vértices Psicólogos se rige por el Código Deontológico del Psicólogo, aprobado por el I Congreso Oficial de Psicólogos, refrendado por la Asamblea General del Colegio Oficial de Psicólogos de 27 de marzo de 1993 y utilizado como refrencia por el COPM.

A continuación se describen las distintas técnicas terapéuticas en las que basamos nuestro sistema, así como el enfoque preciso y el alcance de aplicación que tiene cada una. Si bien es difícil establecer biyecciones entre una metodología terapéutica concreta y la sintomatología del cliente-paciente, cada uno de los modelos permite una aplicabilidad matizada parcial, que el terapeuta modula en función de cada caso, en la medida que la acotación del problema lo va permitiendo.

 

La Perspectiva Integradora  

El movimiento de la Psicología Integradora se caracteriza por su capacidad receptiva y su espíritu tolerante, a la vez que por un eclecticismo técnico y pragmático que da lugar a que albergue en su seno teorías distintas. Esas teorías son, en general, parcialmente compatibles entre sí pero no del todo coincidentes ni en cuanto a sus afirmaciones últimas ni en cuanto a teoría o estrategias.

La Psicoterapia Integradora concibe la realidad en forma sistémica, aspecto que comparte con los diferentes enfoques de la orientación humanista-experiencial y con la Terapia Familiar Sistémica. Es decir, entiende al ser humano como un sistema, entendiendo como tal un conjunto de elementos conectados entre sí, de tal forma que la variación de uno de ellos varía el conjunto, inserto en el seno de sistemas más amplios (familia, por ejemplo) y a su vez estos sistemas dentro de otros más vastos (como podría ser una cultura concreta). La persona se entiende también como integrada por diferentes subsistemas (cognitivo, corporal, afectivo, interaccional, práxico, entre otros) formando una realidad.

Por ello, aún cuando nuestro modelo se califique como encuadrado dentro de este movimiento, no es indiferente a esa discrepancia interna y opta por unos determinados compromisos, tanto teóricos como metateóricos, lo cual hace que la integración entre diferentes modelos sea desigual: en efecto, en algunos casos el solapamiento es tan sólo a nivel de técnicas, mientras que respecto a otros sintetiza teorías psicológicas y clínicas y, respecto a otros, comparte metateorías comunes a varios de ellos, o parte de esas metateorías.

Este modelo terapéutico es epistemológicamente constructivista, es decir, parte de la concepción de la existencia de una realidad externa ajena a la propia conciencia, es decir, objetiva en este sentido, cuyo conocimiento no se da en forma directa, sino a través de la mediación de la propia subjetividad, de manera que incluso las formas más simples de contacto con la realidad, las sensaciones, ya son percibidas impregnadas de subjetividad.

Por ello, la realidad es susceptible de diferentes interpretaciones, sin que podamos atribuir a una de ellas la capacidad para captar la totalidad objetiva de la realidad. Comparte entonces esta afirmación genérica tanto con la psicología de los Constructos Personales como con el Análisis Transaccional, la psicoterapia de la Gestalt, el Focusing, ciertos enfoques existenciales y, en general, los enfoques no directivos, que participan de esta concepción de la dimensión subjetiva del conocimiento y están atentos, desde el punto de vista clínico, a que el paciente (o cliente) logre un sistema interno coherente y significativo para él, más que a imponerle una determinada visión de la realidad o unos contenidos pretendidamente objetivos.La Perspectiva Integradora, concede una gran importancia al proyecto vital de la persona y a la búsqueda de sentido, coincidiendo así con el enfoque existencial, actualizando la clasificación aristotélica de las cuatro causas, sin limitarse a las causas material y eficiente, concediendo relevancia a la causa formal y, en especial, a la causa final.

Este tipo de psicoterapia entiende al ser humano como parcialmente libre, es decir, que no es meramente reactivo a unos estímulos concretos y, dentro de los condicionamientos a que está sometido, mantiene un margen de libertad de elección del cual es responsable y por el cual se constituye en sujeto agente.

El énfasis concedido a esta última se refleja, en el plano psicoterapéutico, en la importancia que concede a lo que el Análisis Transaccional denomina análisis del guión vital, incluyendo dentro de los objetivos globales de la psicoterapia, si es armónico con la demanda del paciente o cliente, la posibilidad de sustitución de un proyecto construido en forma rígida (lo que propiamente es el guión) o la ausencia de proyecto (ausencia de guión, o guión de ir tirando en términos analítico-transaccionales), por un proyecto flexible elegido desde la libertad y lucidez que en ese momento de su vida es capaz (salirse del guión, o guión de triunfador).

En cuanto a la relevancia dada a la causa formal, se manifiesta en la práctica terapéutica a partir de la concepción de un modelo basado, ante todo, en un análisis del proceso (o forma), que el sujeto desarrolla para lograr aquellos objetivos, a semejanza de la perspectiva de la Psicoterapia de la Gestalt, la Psicología de los Constructos Personales y la Psicoterapia Postrogeriana.

Sintetizando,  podemos decir  que  el  enfoque  de  la  Psicoterapia Integradora es un modelo globalizante que se caracteriza por los presupuestos metateóricos, teóricos, psicoterapéuticos y metodológicos que se describen a continuación.

La terapia es psicodinámica, por cuanto señala la importancia de la motivación en el comportamiento humano, y en este sentido coincide con el enfoque psicoanalítico freudiano, coincidiendo con los presupuestos del Análisis Transaccional, la Psicología de los Constructos Personales y la Psicoterapia de la Gestalt, entre otras, en subrayar la relevancia del carácter teleológico de dicho comportamiento y concibiendo las motivaciones no como pulsiones energéticas, sino como aspiraciones que estimulan al ser humano hacia unos determinados logros.

 

Asimismo, la Perspectiva Integradora, acepta la variabilidad de las motivaciones, es decir que supone que la persona amplía intereses y motivaciones que no son necesariamente los diferentes disfraces de una o dos pulsiones originarias.

 

Acepta también la distinción entre motivaciones y metamotivaciones, que más allá de las tendencias de la vitalidad y del yo individual, el ser humano dispone de genuinas tendencias transitivas que no son coincidentes con sublimación de otras tendencias, sino que tienen una entidad propia.

 

Considera que los valores éticos constituyen un núcleo importante de la personalidad y que en torno a ellos se aglutina el sentido de identidad y facilitan la evolución personal hacia la autonomía.

 

Es un modelo integrador, en tanto en cuanto considera que no existe en la actualidad un modelo de psicoterapia que sea válido para todas las personas, problemas y circunstancias, y por ello se siente llamado a mantenerse receptivo y dialogante a las aportaciones que desde otros modelos o paradigmas pudieran ser integradas en forma coherente y que pudieran hacer más efectivo el tratamiento.

Es holista en relación con la persona y los sistemas en que participa, es decir: se ocupa de la globalidad y considera que hay que trabajar conjunta e integradamente en los diferentes subsistemas del individuo, elaborando cualquiera de los trabajos realizados en un determinado nivel de intervención dentro de la experiencia del sujeto considerada como un todo global.

 

El objetivo de la Psicoterapia Integradora viene dado por la demanda del cliente, más que por el que señale un modelo concreto, si bien hay que tener en cuenta que esta demanda no siempre se hará de forma explícita y que puede ser redefinida a lo largo del proceso terapéutico y abrirse a niveles más supraordenados o más sintomáticos.

 

Enfatiza la importancia del vínculo terapéutico, y propone la adopción por parte del terapeuta de las actitudes de aceptación incondicional positiva hacia el cliente, empatía y autenticidad, no sólo a título de exigencias éticas que enmarquen la relación, sino como indispensables para que pueda surgir una alianza efectiva. Sin embargo, no considera que esas tres actitudes básicas sean suficientes para esa implicación por parte del paciente o cliente. A la vez, entiende que la vinculación terapéutica debe estar atenta, en forma idiosincrática, a las perturbaciones en el vínculo que presenta la persona, a las hipotéticas causas de las mismas, y a proporcionarle unas experiencias globales diferentes de aquellas que contribuyeron a la creación de la perturbación.

 

Exige al terapeuta un papel activo que, a la vez que escucha empáticamente al cliente, interacciona con él haciéndole propuestas de exploración concretas, separándose en ello de la no-directividad.

 

Concede una importancia relevante al papel de las funciones dependientes del hemisferio derecho, considerando que las emociones, el comportamiento no verbal y la intuición son muy potentes a la hora de ofrecer un enfoque de la realidad distinto del habitual en nuestra cultura, y permite al paciente enriquecerse con la coherencia de esos fenómenos, y la sabiduría implícita de los mismos. Resalta la importancia de los acontecimientos de cambio, que van dirigidos a superar los bloqueos, dispersiones o distorsiones repetitivos respecto al proceso del fluir vital de la persona.

Para concluir, consideramos que la utilización simultánea de varios modelos no supone, por fuerza, un tratamiento fragmentado del ser humano. Tampoco pensamos por ello que se trate de un eclecticismo no comprometido que no se atreve a optar por un modelo concreto. Pensamos que esta multiplicidad de modelos puede ser una fuente de enriquecimiento para la comprensión del inabarcable misterio de lo humano y que cada uno de ellos ha seleccionado unos determinados aspectos del mismo a fin de dar una estructura económica y operativa a su trabajo terapéutico.

  

La Terapia Sistémica 

 

La terapia sistémica es un modelo de psicoterapia que se aplica para el tratamiento de trastornos y enfermedades psíquicas concebidas como expresión de las alteraciones en las interacciones, estilos relacionales y patrones comunicacionales de un grupo social comprendido como un sistema.

 

Es un enfoque psicoterapéutico que, si bien tiene sus orígenes en la terapia familiar, ha venido cristalizando en el transcurso del último medio siglo en lo que hoy se prefiere denominar terapia (o psicoterapia) sistémica, para puntualizar el hecho de que no es imprescindible que sea la familia el foco de atención para que la mirada terapéutica sea sistémica. Es así como los conceptos sistémicos, así como sus métodos y técnicas terapéuticas pueden igualmente aplicase a la pareja, a los equipos de trabajo, a los contextos escolares y también a las personas individuales. Lo que resulta decisivo es que el énfasis esté puesto en la dinámica de los procesos comunicacionales, en las interacciones entre los miembros del sistema y entre los subsistemas que lo componen. También en el caso de la terapia individual el enfoque se orientará principalmente al cambio en los procesos de comunicación e interacción manteniendo la idea básica sistémica de ver a la persona en su entorno, es decir en el contexto del sistema o de los sistemas de los que forma parte.

 

Inicialmente, el enfoque se basó en la interacción bidireccional de las relaciones humanas, con fenómenos de retroalimentación constantes que influyen en la conductas de los individuos, siendo el más afectado el llamado miembro sintomático que expresa la patología psiquiátrica y al cual muchas veces se le estigmatiza. Es por eso que en su origen, esta terapia se desarrolló para las familias en cuyo seno había alguien que sufría una enfermedad psíquica grave. Sin embargo, al pasar de los años y con mayor desarrollo teórico, el concepto de "enfermedad" se evidenció como inadecuado para designar fenómenos psiquícos que se definían como producto de patrones comunicacionales y pautas de interacción alteradas. El "enfermo" resultaba ser más bien el portador de los síntomas de una dinámica disfuncional que ocurría en el sistema.

 

La terapia familiar sistémica se desarrolló a lo largo de la segunda mitad del siglo XX en diferentes direcciones que abarcan desde las concepciones estructurales clásicas de Salvador Minuchin hasta enfoques sistémicos menos directivos, sin pretensiones de “objetividad” del terapeuta. Esta última idea está presente en la postura constructivista basada en los postulados epistemológicos de los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela.

La frecuencia de las sesiones suele ser menor que la observada en terapias de otras orientaciones. Puede mediar bastante tiempo entre una sesión y la siguiente (de dos seis semanas), mientras que el número total de sesiones, aunque básicamente dependa de los avances obtenidos en el proceso psicoterapéutico, se sitúa en un promedio de entre 10-14 sesiones.

 

Los mejores resultados se obtienen en trastornos alimentarios, drogodependencias y conductas infantiles disfuncionales. En depresiones clínicas, la terapia sistémica de pareja ha resultado eficaz, aunque no tanto como en la corriente cognitivo-conductual.

  

La Terapia Cognitivo-conductual 

 

La terapia cognitivo-conductual es una forma de intervención psicoterapéutica en la que destaca de forma prominente la reestructuración cognitiva, la promoción de una alianza terapéutica colaborativa y métodos conductuales y emocionales asociados mediante un encuadre estructurado. Su hipótesis de trabajo es que los patrones de pensamiento, llamados distorsiones cognitivas, tienen efectos adversos sobre las emociones y la conducta y que, por tanto, su reestructuración, por medio de intervenciones psicoeducativas y práctica continua, puede mejorar el estado del consultante. Un modelo generalmente aceptado puede ser el propuesto por David D. Burns.

 

La primera vez que el paciente se reúne con su psicoterapeuta, hablará acerca de cualquier problema que esté teniendo, de cómo se está sintiendo y sobre las metas que tiene para su psicoterapia. Después de unas cuantas visitas se decide con qué frecuencia se realizará la misma, pudiendo el paciente reunirse con su psicoterapeuta cada semana, o solamente una vez al mes. Los objetivos son acordados entre el terapeuta y el paciente y se formula un plan de intervención estructurado a la medida de las necesidades y características particulares evaluadas.

 

Mientras está recibiendo psicoterapia, aprenderá nuevas formas de pensar acerca de las situaciones que le molestan. Además, aprenderá nuevas maneras de afrontar sus sentimientos. La psicoterapia cognitiva también puede ayudarle con sentimientos de rabia, ansiedad, timidez o pánico.

Resulta pertinente señalar que los creadores de este enfoque psicológico y terapéutico, para fundamentarlo, manifiestan haber apelado a antiguos tópicos de la escuela estoica de la filosofía griega. Especialmente, a aquéllos en los que pensadores como Epicteto manifiestan, de modo terminante, que no son los "hechos" objetivos mismos los que perturban la dinámica del "alma", sino lo que "pensamos" -he aquí el principio cognitivo- en nuestro interior, en nuestra subjetividad, sobre esos hechos. De esta manera, el control de las reacciones de nuestra emotividad y conducta puede permanecer de continuo en nuestras manos. O dicho de otro modo más taxativo: somos -hasta cierto punto- como los creadores de nuestra salud o enfermedad psíquicas, de nuestra dicha o de nuestra desdicha. La llamada terapia racional emotiva conductual, a su vez, siempre ha operado con parejos principios. Es obvio que todo esto ha de ser especialmente valedero para las perturbaciones psicógenas manifiestas. Las distorsiones del paciente, son denominadas por los fundadores de la doctrina, como tríada cognitiva.

 

La tríada cognitiva consiste en tres patrones cognitivos principales que inducen al sujeto a considerarse a sí mismo, su futuro y sus experiencias, de un modo idiosincrásico.

 

El primer componente de la tríada se centra en la visión negativa del paciente acerca de sí mismo. Tiende a atribuir sus experiencias desagradables a un defecto suyo de tipo psíquico, moral o físico. Debido a este modo de ver las cosas, el paciente cree que, a causa de estos defectos es un inútil carente de valor. Por último, piensa que carece de los atributos esenciales para lograr la alegría y la felicidad.

 

El segundo componente de la tríada cognitiva se centra, en el caso del depresivo, a interpretar sus experiencias de una manera negativa. Le parece que el mundo le hace demandas exageradas y/o le presenta obstáculos insuperables para alcanzar sus objetivos. Interpreta sus interacciones con el entorno en términos de relaciones de derrota o frustración. Estas interpretaciones negativas se hacen evidentes cuando se observa cómo construye el paciente las situaciones en una dirección negativa, aun cuando pudieran hacerse interpretaciones alternativas más plausibles.

 

El tercer componente de la tríada cognitiva se centra en la visión negativa acerca del futuro. Espera penas, frustraciones y privaciones interminables. Cuando piensa en hacerse cargo de una determinada tarea en un futuro inmediato, inevitablemente sus expectativas son de fracaso.

 

El modelo cognitivo considera el resto de los signos y síntomas, por ejemplo de un síndrome depresivo, como consecuencia de los patrones cognitivos negativos. Por ejemplo, si el paciente piensa erróneamente que va a ser rechazado, reaccionará con el mismo efecto negativo (tristeza, enfado) que cuando el rechazo es real. Si piensa erróneamente que vive marginado de la sociedad, se sentirá solo.

La terapia cognitiva o terapia cognitiva conductual es un tipo de psicoterapia empleada para tratar la depresión, trastornos de ansiedad, fobias, y otras formas de trastornos psicológicos. Busca reconocer el pensamiento distorsionado que origina los trastornos y aprender a reemplazarlo con ideas sustitutivas más realistas. Sus practicantes sostienen que la causa de muchas de las depresiones (pero no todas) son los pensamientos irracionales.

 

Los síntomas motivacionales (por ejemplo poca fuerza de voluntad, deseos de escape o evasión) también pueden explicarse como consecuencias de las cogniciones negativas. La poca fuerza de voluntad viene provocada por el pesimismo y desesperación del paciente. Si esperamos un resultado negativo, no puede comprometerse a realizar una determinada tarea. Los deseos de suicidio pueden entenderse como expresión extrema del deseo de escapar a lo que parecen ser problemas irresolubles o una situación intolerable.

 

La creciente dependencia también se puede entender en términos cognitivos. Dado que el paciente se ve como inepto y dado que sobreestima la dificultad de las tareas, espera fracasar en todo. Así tiende a buscar la ayuda y seguridad en otros que él considera más competentes y capacitados.

 La terapia cognitiva es frecuentemente usada junto con medicación estabilizadora de las emociones para tratar el trastorno bipolar.

 

Por último, el modelo cognitivo también puede explicar los síntomas físicos de una depresión. La apatía y las pocas energías pueden ser consecuencia de la convicción del paciente de que está predestinado a fracasar en todo cuanto se proponga. La visión negativa del futuro puede producir una inhibición psicomotriz.

Los pensamientos se consideran la causa de las emociones, y no a la inversa. Los terapeutas cognitivos invierten el orden causal empleado habitualmente por los psicoterapeutas. La terapia consiste esencialmente en:

 

a)  Identificar aquellos pensamientos irracionales que nos hacen sufrir.

b)  Identificar qué es irracional en ellos; esto se hace mediante un trabajo de autoanálisis por

     parte del paciente, que el terapeuta debe promover y supervisar.

 

Cuando los pensamientos irracionales (falsos o incorrectos) son detectados, se pasa a la fase de modificación, que es central en la terapia cognitiva y consiste en reemplazar los viejos hábitos irracionales por otros más ajustados a la realidad y a la lógica. Esto se hace mediante un esfuerzo para rechazar los pensamientos distorsionados y reemplazarlos por pensamientos más exactos y más alegres. Cabe destacar que este esfuerzo de observación y crítica que el paciente hace de sus propios pensamientos distorsionados no debe confundirse con la tendencia conocida como "Pensamiento positivo", que solo promueve el autoadoctrinamiento por medio de frases positivas u optimistas ("Merezco ser feliz", "soy una persona valiosa", etc), porque la terapia cognitiva se vale del pensamiento crítico para conseguir el cambio en sus pacientes y no de una imposición dogmática de pensamientos predeterminados.

 

La terapia cognitiva no es un proceso "de un día para el otro". Aún cuando un paciente ha aprendido a reconocer cuándo y dónde su proceso de pensamiento se ha torcido, puede llevar meses de concentrado esfuerzo el reemplazar un pensamiento inválido con uno más adecuado. Pero con paciencia y un buen terapeuta, la terapia cognitiva puede ser una herramienta valiosa en la recuperación.

El pensamiento negativo en la depresión puede ser el resultado de fuentes biológicas (i.e., depresión endógena), la influencia educacional de padres, u otras fuentes. La persona deprimida experimenta pensamientos negativos como más allá de su control. El terapeuta conductual ofrece técnicas para dar al paciente un mayor grado de control sobre el pensamiento negativo corrigiendo "distorsiones cognitivas" o pensamientos distorsionados en un proceso llamado reestructuración cognitiva.

 

Una de las técnicas principales de la terapia cognitiva es la de las cuatro columnas, donde las tres primeras permiten analizar el proceso por el cual una persona ha llegado a estar deprimida. La primera columna registra la situación objetiva; en la segunda, el paciente escribe los pensamientos negativos que se le ocurrieron; la tercera columna registra los sentimientos negativos y las conductas disfuncionales que resultaron de ellos. Los pensamientos negativos de la segunda columna se consideran un puente que conecta la situación con los sentimientos angustiantes. Finalmente, la cuarta columna se emplea para desafiar el pensamiento negativo sobre la base de la evidencia de la experiencia del paciente.

 

Un sub-campo de la terapia cognitiva usado para tratar el trastorno obsesivo compulsivo hace uso del condicionamiento clásico a través de la extinción y habituación. Tal procedimiento ha sido usado exitosamente por el Dr. Steven Phillipson para tratar el TOC.

  

La Terapia Gestalt

La terapia Gestalt es una terapia perteneciente a la psicología humanista (o Tercera Fuerza), la cual se caracteriza por no estar hecha exclusivamente para tratar enfermos, sino también para desarrollar el potencial humano.

La terapia Gestalt se enfoca más en los procesos que en los contenidos. Pone énfasis sobre lo que está sucediendo, se está pensado y sintiendo en el momento, por encima de lo que fue, pudo haber sido, podría ser o debería estar sucediendo.

Utiliza el método del darse cuenta ("awareness") predominando el percibir, sentir y actuar. El cliente aprende a hacerse más consciente de lo que hace. De este modo, va desarrollando su habilidad para aceptarse y para experimentar el "aquí y ahora" sin tanta interferencia de las respuestas fijadas del pasado.

El objetivo de la terapia Gestalt, además de ayudar al cliente a sobreponerse a síntomas, es permitirle llegar a ser más completa y creativamente vivo y liberarse de los bloqueos y asuntos inconclusos que disminuyen la satisfacción óptima, autorrealización y crecimiento. Por tanto, se ubica en la categoría de las terapias humanistas.

Se basa fundamentalmente en:

  • El aquí y ahora: vivir y sentir el presente. Vivir y sentir la realidad.
  • El darse cuenta ("awareness"): es el cliente quien ha de darse cuenta de lo que le pasa. Sólo se necesita ser consciente para cambiar (si se quiere) una conducta.
  • Aceptar lo que uno es: no buscar ídolos, no aceptar los "deberías", ser responsable de los propios actos.
  • Enfatizar en el cómo o en el para qué más que en el porqué: ¿Cómo me siento?, ¿Cómo me siento en esta situación?, ¿Cómo me siento ahora?, ¿Para qué estoy haciendo esto?, ¿Para qué me sirve sentirme de este modo?

Se prefiere usar el término cliente que paciente, ya que un paciente es alguien enfermo que va a que otro le cure, mientras que cliente es un termino más neutro, el cual sólo indica que es alguien que acude a la la consulta del terapeuta. En esta terapia, el paciente es quien tiene que "autocurarse", el terapeuta sólo le guía y le ayuda para que lo consiga, haciendo más bien una función de observador externo y no tanto de "el que cura"

El terapeuta gestalt tiene la función de guiar al cliente para que se haga consciente de su situación (el darse cuenta). Hay una interacción de yo, tú, nosotros; se rompe la dicotomía médico-paciente. El cliente se expresa tanto verbalmente como con gestos y movimientos.

También es importante el uso de la primera persona, puesto que una de las fortalezas de la terapia Gestalt es, como se ha mencionado, el asumir la responsabilidad de nuestros propios pensamientos, sentimientos y acciones: el cliente no tiene que ocultarse usando un sujeto colectivo.

El término la silla caliente ("hot chair") ha sido comúnmente asociado con la práctica de la terapia Gestalt, consiste básicamente en crear mentalmente un personaje con el cual se quiere confrontar algún problema, entonces asumir su rol en su lugar y después contestar en el lugar del cliente con el rol que le pertenece a él mismo.


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